(1) Copenhague downtown

Llegamos a Copenhague por un intercambio de viviendas a través de Home Exchange, el segundo que realizamos en esta etapa intercambiadora (en épocas anteriores hicimos muchos más). Habíamos aparcado el sistema en el 2014 y lo retomamos el año pasado, 2024, viajando a Nueva York. Ahora, una pareja nos cedió su casa mediante el correspondiente pago de puntos, el dinero de este tipo de transacciones cuando no son recíprocas (yo en tu casa y tú en la mía a la vez), y nosotros obtuvimos puntos dejando la nuestra a una familia de Madrid. En otra entrada daremos más detalles, solo adelantar que todo salió perfectamente, tanto aquí como en Vigo. Una maravilla esto de los intercambios.

El viaje fue perfectamente, Vigo-Madrid-Copenhague, y después logramos llegar al barrio de Hellerup, al norte de Copenhague, en transporte público. No fue sencillo, en un par de ocasiones tuvieron que ayudarnos buenos samaritanos, pero salió. Y eso que estábamos un poco presionados pues, por sorpresa, al bajar del avión, nuestros anfitriones avisaron que estaban en la casa esperándonos, lo que no estaba previsto.

Llegamos al caer la noche y nos instalamos tras recibir sus explicaciones sobre el uso de la vivienda. A la mañana siguiente, una vez acomodados, realizada la compra en el súper pegado a la casa, jornada de aclimatación, por llamarlo así, recorriendo Hellerup y alrededores a pie. El tercer día ya nos desplazamos al centro para empezar a conocer la ciudad. Esto que calificamos de aclimatación es un lujo solo al alcance de los intercambios. Si estás de hotel o de alquiler, con el gasto que implica, no pierdes un día paseando por barrios periféricos, quizás chulos pero que no justifican un viaje.

Casas de colores junto al canal en Nyhavn, el lugar más famoso de la ciudad

Por tanto, al tercer día, en autobús y tren alcanzamos el centro-centro copenhaguense, Avanzar que el transporte público funciona bien (cuatro líneas de metro, relativamente recientes; autobuses y también trenes) y conseguiríamos poco a poco controlarlo mediante una app, DOT, que sirve también para los pagos. Daremos más detalles de su funcionamiento y de su habitual eficacia y puntualidad, aunque algún fallo también detectamos.

Vista general de las dos márgenes del canal de Nyhavn

Así que nos aparecimos en Nyhavn (Nuevo Puerto) un sitio que ningún visitante se pierde, sin duda la imagen más icónica de la ciudad. Es una calle y un canal, que conforman un paseo marítimo a ambos lados siempre atiborrado de turistas. Lo flanquean sobre todo restaurantes y lugares de ocio, y de allí parten tours en barco para conocer el centro urbano histórico, eso sí, con explicaciones solo en danés o en inglés. Una pena porque lo usan a diario miles de personas y nada les costaba preparar al menos unas audio guías en más idiomas, pero es lo que hay. Por lo demás, el inglés es aquí una lengua franca, lo habla el 85% de los daneses, y además el danés es muy complicado. De hecho, españoles que viven aquí, y alguno conocimos, desisten de intentar aprenderlo; es un esfuerzo tremendo y pueden vivir sin problemas en inglés.

Imagen desde un puente que cruza el canal de Hyhavn

Íbamos atentos, intentando situarnos en una gran capital histórica a la que acabábamos de llegar y donde no conocíamos a nadie. Había mucha gente por estas calles tan nombradas, pero para nada multitudes. Y el tiempo, agradable.

En este inmueble trabajaba el primer tatuador

Supimos que en Nyhavn número 20 vivió el escritor más famoso de la historia danesa, Hans Christian Andersen, al que se le nombra de seguido y tiene multitud de calles y estatuas. Y por casualidad retratamos el número 17, donde tenía su estudio el primer tatuador de la historia del país. Gustav Bechmann ejercía en 1884 en una mesa en el sótano de lo que era una tabaquería, solo siete años después de que empezara con esta actividad Martin Hildebrant (en Nueva York, claro). Obviamente, el tatuaje se practica desde los egipcios, pero estamos hablando de los primeros tatuadores de los que existen registros.

Uno de los barcos utilizados para los tours turísticos que parten de Nyhavn

Copenhague está situada casi fuera de Dinamarca, valga el chiste, ubicada en la parte más oriental de la  isla más oriental del país, Zealand, pegada a Suecia de no ser por el estrecho de Oresund, que conecta el mar Báltico con el del Norte. La ciudad cuenta con numerosos canales y la presencia de agua, de barcos de recreo (hay una ruta acuática de transporte público) y hasta de zonas de baño céntricas es una constante.


Como primera toma de contacto decidimos hacer uno de estos tours, de una hora de duración, una buena idea. En este rato sale de Nyhavn casi al mar exterior, y después regresa para circundar el cogollo más histórico por canales, y desde el barco puedes ver los edificios más relevantes.

Palacio de la Opera, moderno, de principios de siglo, un edificio espectacular

Es el caso del palacio de la Ópera, inaugurado en 2005 en Crhistianhavn, una isla artificial que acoge también uno de los mayores atractivos de Copenhague, Christiania. El palacio es un proyecto urbanístico de lo más interesante, o así nos lo pareció, por lo que hicimos un free tour específico para conocer sus entrañas. Christiania también lo visitamos, pero por libre.

Edificios de viviendas de lujo, las más caras de la ciudad

A no mucha distancia del palacio de la Ópera se encuentran estos bloques de viviendas, las más caras de la ciudad, donde un piso puede costar cuatro millones de euros. Sorprendente. Uno de los bloques es un hotel.

Dannebrog, el espectacular velero de la familia real danesa

Por esta zona portuaria se exhibía fondeado y tranquilo el Dannebrog, el velero de la familia real, que allí permaneció durante toda nuestra estancia. Está bautizado con el nombre que recibe la bandera del país y que podría traducirse por tela danesa. En servicio desde 1932, fue inaugurado por la reina Alejandrina y se utiliza desde entonces como residencia real en viajes al extranjero y en cruceros por aguas danesas. Construido en acero, cuenta con una tripulación de 52 marineros y militares y en estos casi cien años ha recorrido 400.000 millas náuticas por el Mediterráneo, el Atlántico y el Caribe. Como curiosidad, fue el único barco que los alemanes no tocaron durante la invasión de Dinamarca en la Segunda Guerra Mundial.

Los daneses hacen su vida ignorando los barcos de turistas

Tras esta salida al exterior de la urbe el barco regresó a los canales urbanos, por los que realizó la segunda parte del recorrido.

La bicicleta, omnipresente en Copenhague

Aunque recién llegados a Copenhague, incluso desde el barco empezamos a valorar la relevancia de la bicicleta como medio de transporte, incluso más que en Amsterdam, que ya es decir.  En estas semanas comprobamos que es más importante que el automóvil y que muchos peatones las temen y acusan a los ciclistas de prepotentes.

Cientos de barcos atracados en los canales en este caso en Christianhavn

Los bordes de los canales en la ciudad son puertos deportivos, amarres para todo tipo de barcos y yates, los hay a centenares.

Fachada lateral de antiguos almacenes portuarios, ahora centro cultural

Realmente, desde el barquito y cómodamente sentados, pudimos observar numerosas joyas urbanísticas, que en su mayoría no conocíamos en ese momento. En días sucesivos las fuimos encontrando en nuestros paseos. Caso de Gammel Dok, antiguos almacenes portuarios que datan de 1739, aunque a finales del siglo XIX fueron renovados y unos años después se les añadió una planta. Actualmente conviven en este enorme inmueble el Centro Danés de Arquitectura y el Taller Nacional de Arte.

Nyhavn, siempre un lugar animado donde se escuchan idiomas de todo el mundo

Finalizado el tour en el mismo lugar donde comenzó, nos dispusimos ahora sí a patear la ciudad a nuestro libre entender. Y a eso dedicamos casi dos semanas, ya que solo salimos de Copenhague para una excursión por tren a Lund y Malmo, en Suecia, y de paso conocer el gigantesco puente sobre el mar que conecta ambos países. 

Fachada del Ayuntamiento de Copenhague (1905), estilo romántico nacionalista

La enorme plaza del Ayuntamiento, como ocurre en infinidad de ciudades, es el centro neurálgico de la ciudad. La Radhuspladsen, nombrecito difícil para nosotros, es enorme, y tiene muy cerca la estación central de ferrocarril y el decimonónico parque de atracciones Tivoli, uno de los lugares más visitados. De la plaza parte también la larga y animada calle peatonal Stroget, fundamental para las compras y un sitio para pasear con tranquilidad y de manera amena en sus más de mil metros. Del ayuntamiento y su imponente hall de acceso y estancia libre ya hablaremos, solo apuntar que hubo cuatro anteriormente y tres de ellos fueron en diferentes momentos de su historia pasto de las llamas. A finales del XIX, el arquitecto Martin Nyrop se inspiró para su diseño en el Ayuntamiento italiano de Siena.

Plaza del Ayuntamiento, normalmente muy concurrida

Suele haber siempre gente y animación en la plaza, punto elegido por muchos free tours para iniciar sus paseos por la ciudad. Fue nuestro caso.

Calle céntrica y antigua con edificios de colores variados

Perderse por las calle del centro de Copenhague es encontrarte con lugares como el de la imagen, con su calzada de adoquines de piedra (traídos de Noruega, en Dinamarca no hay canteras). El guía del free tour por la zona centro, David, un simpático y eficaz conductor de grupos natural de Medellín, Colombia, nos aclaró que en este tipo de calle solían vivir marineros. Unos siglos atrás la clase trabajadora no acostumbraba a pintar sus casas, era muy caro. La excepción eran los marineros, que aprovechaban el sobrante de pintura de los barcos. Y claro, cada casa tenía un color diferente.  

Palacio de Christiansborg, centro del poder político y judicial

Dentro de esta almendra central destaca el palacio de Christiansborg, un caso único en el mundo pues en un mismo inmueble conviven  las tres ramas del poder en una democracia. A saber, el Parlamento, la principal sede del gobierno y también la corte suprema. Y por si fuera poco, tiene allí oficina el rey en su calidad de jefe del Estado.

En Christiansborg se rodó la exitosa serie Borgen

En su momento uno de nosotros siguió con interés todas las temporadas de la serie danesa Borgen, término que significa castillo y con el que también es conocido este enorme edificio. En ella se narran las venturas y desventuras, que fueron muchas, de una primera ministra, en el plano político y también personal.

Plaza de Konges Nytorv, una de las principales y vía de acceso a Nyhavn

La Nueva Plaza del Rey, su nombre en español, fue construida en 1670 por el rey Christian V, y una estatua ecuestre de dicho monarca la preside. Es de grandes dimensiones, la mayor de Copenhague, y todas las navidades acoge una pista de hielo de uso gratuito. Su creación se basó en criterios militares, ya que era un lugar equidistante de todas las murallas. En esta plaza finaliza la calle peatonal Stroget, conformando el eje principal de la ciudad hasta la sede del Ayuntamiento.

Palacio de Amalienborg, residencia de la familia real danesa

A solo unos pocos cientos de metros de la plaza se alza el palacio de Amalienborg, donde residen los reyes. Se trata de un recinto abierto y los visitantes llegan a la plaza central, en cuyos márgenes están los cuatro inmuebles que lo componen. Algunos soldados controlan las puertas, pero en apariencia la vigilancia es mínima. El palacio se construyó entre 1750 y 1768, a la vez que Konges Nytorv.


La idea inicial no era la de residencia de los reyes, pero todo cambió en 1798 debido al incendio que destruyó el Palacio Real. De los cuatro edificios pueden visitarse dos. 

Iglesia de Mármol, solemne y maciza

Muy cerquita del palacio, y situada de tal forma que es visible desde el centro de la plaza de Amalienborg, destaca la Iglesia de Mármol, cuyo nombre oficial es Iglesia de Federico, pero triunfa el primero. Empezó a construirse unos pocos años antes, en 1740, pero tuvo peor suerte y no se terminó hasta siglo y medio después. Es un templo luterano de planta redonda y son visibles sus similitudes con la basílica de San Pedro en Roma.


Obviamente, con un período de gestación tan largo, allí pasó de todo, intervinieron diversos técnicos y se sucedieron los proyectos. Finalmente, fue un empresario privado el que la terminó cuando lo inicialmente construido era una ruina. 


Dos órganos, numerosas esculturas, pilas bautismales, abundante decoración, lucernarios que permiten luz natural y el uso del mármol configuran un templo atractivo que suele estar lleno de gente. Acceso libre.

La popular Sirenita

Por seguir con los símbolos de la ciudad, desde esta zona pero dando un paseíto de algo más de un kilómetro, se llega a una pequeña escultura que se ha convertido en la seña de identidad de Copenhague. Al verla, el comentario general es su pequeño tamaño, menor del imaginado. Para llegar es preciso rodear el Kastellet, antiguo castillo que todavía hoy sigue siendo un centro militar. Este sí lo visitamos y lo mostraremos más adelante.

Como buenos turistas, nuestra foto con la pequeña sirena

La escultura tiene su historia. Fue un encargo del empresario cervecero Carl Jacobsen, hijo del fundador de la conocida Carlsberg. Quiso homenajear a la bailarina Ellen Price, estrella del Ballet Real, pero Price se negó a posar desnuda, por lo que el escultor, Edvard Eriksen, utilizó como modelo a su esposa, pero la cabeza y el rostro son de la bailarina. Está basada en el cuento de hadas del mismo nombre de Hans Christian Andersen y en diversas ocasiones ha sido objeto de actos de vandalismo, decapitada dos veces y en otra una bomba la hizo caer al agua. 

Acceso al parque de atracciones Tivoli, un lugar muy visitado

Este veterano parque de atracciones data nada menos que de 1843 y se encuentra en el centro de la ciudad, entre la estación central y el Ayuntamiento. Sus atracciones compiten con unos vistosos jardines, pero la realidad es que no lo visitamos. La entrada es cara y no teníamos interés en montar en ninguna. Una vez más fuimos de raros, pues los turistas suelen entrar.

Planta de basuras y generación de Copenhill, toda una atracción

Para concluir esta entrada una imagen de una planta de basuras que produce electricidad, no es un monumento pero va camino de convertirse en otro icono ciudadano. Visible desde muchos puntos de la ciudad, se encuentra en el extremo norte de la isla de Amager, y es posible subir a su terraza, desde donde se domina una enorme vista. Sorprendentemente, junto a ella ha surgido un llamativo y moderno barrio residencial, y uno de sus laterales, en pendiente, es una pista de esquí en invierno y otra de las fachadas un gigantesco rocódromo. Lo más importante, no hay el menor olor, y lo sabemos porque estuvimos allí y subimos en ascensor a la cima. El guía de un free tour aseguró que la nube que suelta es vapor de agua. Se inauguró en 2017.

Buque anclado en un canal de Copenhague

Para cerrar, un llamativo velero de tres palos que nos encontramos en uno de nuestros paseos. No será el de la familia real, pero tiene empaque.

(2) De monumentos de antes y palacios de ahora

No es Copenhague una urbe monumental, pero con un milenio de existencia mantiene destacados inmuebles históricos, aquellos que sobrevivieron a los frecuentes incendios. Y, desde luego, hay instalaciones modernas de lo más interesante, caso de la Biblioteca Real o el Palacio de la Ópera. 

De los del pasado uno de los destacados es la llamada Torre Redonda.

La Torre se levantó como observatorio astronómico

Rundetarn, su nombre danés, es una torre del siglo XVII construida para servir de observatorio astronómico, y forma parte de un complejo con la iglesia de la Trinidad y la biblioteca universitaria. Su finalidad es la misma actualmente, además de la más popular de mirador elevado sobre la ciudad.

Todo Copenhague a vista de pájaro desde la Torre Redonda

Con 36 metros de altura no es tampoco una torre gigantesca, pero en un terreno absolutamente plano como el de Copenhague se divisa la ciudad hasta el horizonte. Hay que pagar entrada y suele haber mucha gente.

La torre carece de escaleras, se sube por una rampa en pendiente

Una de sus peculiaridades es que carece de escaleras y se accede por medio de una rampa sin fin, con una pendiente razonable que facilita la movilidad. En total, siete vueltas y media y luego unas pocas escaleras finales. Hay quien dice que se hizo para que Christian IV pudiera subir a caballo, al estilo de la Giralda de Sevilla.

Son 206 metros de rampa

La rampa totaliza 206 metros y se sube y baja con relativa comodidad debido a su pendiente moderada.

No hay edificios en la capital danesa que rompan el encanto de su skyline

Y una vez arriba, una visión de 360 grados sobre la armoniosa Copenhague, una ciudad con pocos edificios en altura que rompan la uniformidad.

Vista de la iglesia de la Trinidad desde la rampa de la Torre Redonda

 En la rampa hay un ventanal acristalado para ver el interior de la iglesia de la Trinidad. Es un templo enorme, en su momento el mayor de la ciudad, excepción hecha de la iglesia de Nuestra Señora, actual catedral. Pero ésta y otras dos en el mismo emplazamiento ardieron, y sobre sus restos se edificó en 1829 la actual catedral.

Exterior del Palacio de la Ópera, con su espectacular techado que llega al mar

En la actualidad no se construyen catedrales, y hay quien opina que su papel lo suplen ahora los centros comerciales. Otra opción serían los recintos culturales como este impresionante inmueble, inaugurado en enero de 2005, y cuyo coste se aproximó a los 400 millones de dólares. Por suerte para el erario danés, fue asumido por el cofundador de la empresa de contenedores Maersk. Una opción polémica desde el principio, ya que pudo deducirse su costo de los impuestos que tenía que pagar. Después, sus enfrentamientos con el arquitecto autor del proyecto, Henning Larsen, fueron sonados.

La Ópera se encuentra muy cerca de los apartamentos de lujo ya citados

Existe un tour de pago para visitar el Palacio de la Ópera (inglés y danés) y nos apuntamos. Solo decir que fue de lo más interesante, tanto por lo que ve cualquier espectador (acceso, patio de butacas, amplios vestíbulos) como por la trastienda, el backstage.

Uno de los gigantescos almacenes, en el backstage del palacio

Estas enormes salas, cinco en total, son el "corazón y el cerebro" del recinto, en palabras de la guía. Superan los 20 metros de altura, parte de ellos bajo el nivel del escenario, y existen suelos y paredes deslizantes para modificar estos espacios según las necesidades. Incluye cinco escenarios para ensayos y preparación de escenografía. Una empresa especializada se encarga de su complejo funcionamiento, todo ello por medios informáticos.

Vista del mar y de la Iglesia de Mármol desde el hall del palacio

Pese a esta concesión, el templo de la ópera tiene una plantilla propia de 400 trabajadores, de ellos 140 actores y cantantes.

El vestíbulo, con enormes cristaleras y sus espectaculares lámparas

En su interior la luz natural permite desenvolverse con comodidad durante el día, como ocurrió durante nuestra visita, que comenzó a las 16:15. Éramos dos grupos numerosos, según el idioma, inglés o danés, se trata de un edificio que despierta mucho interés.


Esta imagen aérea permite ubicar el Palacio de la Ópera en su entorno.

La sala de actuaciones, muy llamativa, y el escenario

La parte final de la visita tuvo lugar en uno de los anfiteatros, de una sala con capacidad para 1.500 personas. Su iluminación y confort llaman la atención, se nota un diseño cuidado. En un rincón, pero muy a la vista, hay unos sillones reservados para la familia real ya que la filosofía es que tienen que ser visibles, entre la ciudadanía. Hay otra sala más pequeña (200) para usos múltiples.

Escenario para la obra en cartel dedicada al Moulin Rouge

La construcción de este templo de la ópera permitió reservar el Teatro Real (1748), ubicado en la plaza Konges Nitorv, para el ballet, separando ambas facetas artísticas.

Teatro Real, ahora reservado para actividades de danza

Queda para el final esta imagen desde el suelo de una de las tres lámparas del vestíbulo, construidas en cristal y con docenas de bombillitas dentro que le permiten cambiar su color. 

Interior de las enormes lámparas del hall

Son nombradas estas lámparas porque constituyen la pequeña venganza del arquitecto sobre el empresario A.P Moller que financió su construcción. Tras ser inaugurado, Larsen acudió a un programa de televisión donde criticó a Moller. Desde el estudio llamaron al empresario, que intervino en directo y se produjo un duro debate entre ambos. Al final, el arquitecto le dijo que le había dejado un recuerdo. En concreto, que las tres lámparas encendidas, según el color de las bombillas y en la distancia exterior, semejan la bandera del barrio anarquista independiente de Christiania, un recinto que a la clase empresarial le pone de los nervios. Según nos contaron en un free tour, Moller colgó el teléfono indignado y nunca volvió a dar una entrevista.


En el diseño de este recinto intervinieron también dos ingenieros, un consultor teatral y empresas especializadas en acústica. El resultado parece excelente, aunque para juzgar tendríamos que haber acudido a una representación. Otra vez será. Si acaso, quizás podrían haber ampliado la capacidad de la sala, ya de puestos y con el dinero que se gastaron. Por otro lado, también nos contaron que a los daneses, en general, no les entusiasma y llaman al edificio "la tostadora".

El Diamante Negro, la parte moderna de la Biblioteca Real

Casi coetáneo del Palacio de la Ópera es la parte moderna de la Biblioteca Real, un edificio conocido como Diamante Negro. Un impactante inmueble cuya cubierta exterior, ligeramente inclinada, se diseñó a base de mármol negro y cristal. Es muy sencillo de visitar (llegar y entrar, gratis total) y desde luego muy recomendable. 

Abierto al canal y luminoso, como el Palacio de la Ópera

Desde el hall de la biblioteca, una rampa permite subir con comodidad al siguiente nivel. Allí, en ascensor o por escaleras, se accede a los pisos superiores, ocho en total. En todos ellos hay vistas sobre el vestíbulo.

A vista de pájaro desde el último piso de la biblioteca

El edificio es ciertamente atractivo, un diseño resultón y llamativo. Por ese motivo quisimos ver su interior desde la planta superior. Se ve mucha gente abajo sentada, y es que nuestra visita coincidió con una actuación del festival de jazz de la ciudad. Acceso libre.

Enorme cristalera en la fachada del la Biblioteca Real

Es una zona iluminada con luz natural gracias a la cristalera frontal, que además permite mantener contacto visual con el canal, un lugar con mucha vida y barcos moviéndose a todas horas.

Puestos de lectura en la parte antigua de la biblioteca

 A diferentes niveles hay tres puentes que comunican la zona nueva con la antigua biblioteca, situada en la parte trasera Sin problema alguno puede recorrerse y así descubrimos esta preciosa sala de lectura, con un mobiliario que evidencia mayor antigüedad (1906). Este edificio fue construido en ladrillo, pero la fachada principal se recubrió igualmente en mármol negro, y desde la calle puede confundir y pensar que también es moderno. Estos puentes de conexión salvan la amplia calle entre ambos edificios.

Estos inmuebles son en realidad una parte de la Biblioteca Real, que tiene cuatro sedes. Estamos hablando de la ubicada en Slotsholmen, una pequeña zona de la ciudad rodeada por un canal, visto en el mapa, una isla.

Actuación de jazz en el interior de la Biblioteca Real

Antes de terminar la visita no nos privamos de disfrutar un rato con la actuación de este grupo, del que lo ignorábamos todo pero sonaba bien. Fue un agradable complemento a la visita.

La modélica planta de residuos expulsa vapor de agua

Siguiendo con edificios modernos... pasamos de un palacio de la Ópera a la Biblioteca Real... y de ahí a una planta de residuos, CopenHill. Por centrar la jugada, señalar lo que dice de esta instalación Bjarke Ingels Group (BIG), el colectivo de arquitectos, diseñadores y pensadores con sedes en Copenhague y Nueva York que la proyectó: "Es un modelo ejemplar en el campo de la gestión de residuos y producción de energía, así como un punto de referencia en el paisaje urbano de Copenhague; es la mayor iniciativa medioambiental en Dinamarca y sustituye a la obsoleta planta de Amagerforbraeding adyacente".   

Las tripas del complejo desde el ascensor que te eleva a la terraza superior

Nosotros no sabíamos de tanta credencial, simplemente vimos el edificio a lo lejos en un free tour por el centro y preguntamos. Después, por casualidad, fuimos a un mercadillo de restaurantes callejeros por la zona y, sabiendo que se podía visitar, nos acercamos. Costó un poco ya que por medio topamos con un barrio muy peculiar de edificios corridos y tardamos lo suyo. Una vez allí, sin control alguno, cogimos un ascensor y subimos a la terraza. Un poco nos sorprendió tanta apertura.

Sin la chimenea y la humareda pasaría por un recinto cultural o deportivo

También la falta de olores, nada, cero, lo que explicaría la existencia del barrio mencionado, que tampoco eran viviendas sociales.

Vista de Copenhague desde lo alto de la plata de residuos

Una vez arriba, sitio para pasear entre vegetación, un chiringuito bien puesto y una escalinata rodeada de verde por si se quiere bajar andando, que no fue el caso. 

El impactante rocódromo es el más alto del mundo

Y puestos a envolver una planta que en general nadie quiere tener cerca, un gigantesco rocódromo en una de sus paredes. Y tan enorme, pues con sus 85 metros de altura es el más alto del planeta, o al menos lo era en 2020.

La rampa es una pista de esquí ecológica

Y la guinda es una gigantesca rampa que en realidad es una pista para esquiar. Eso sí, sin nieve, los aficionados se deslizan sobre una superficie de plástico ecológica. No cabe duda de que se sale de lo habitual... y de que en nuestro país no hay nada parecido.

El enorme hall del Ayuntamiento de Copenhague

En este repaso de edificios señeros de la ciudad no podemos dejar de lado el Ayuntamiento, del que igualmente dimos una pincelada en la entrada anterior. Tiene algunas similitudes con la planta de residuos: llegas allí y entras sin problema alguno. No solo eso, accedes al vestíbulo, llamativo, impresionante incluso, y en los bancos que lo rodean perimetralmente puedes sentarte a contemplarlo con tranquilidad y descansar. Es incluso entretenido, pues no se interrumpe la aparición de parejas de novios para casarse en una ciudad conocida como Las Vegas de Europa, pero de eso hablaremos en otro momento. De hecho, si vas a un free tour con salida en la puerta del Ayuntamiento y llegas antes, te sientas a descansar, puedes ir al baño y curiosear por los pasillos de varias plantas con absoluta tranquilidad, como fue nuestro caso.

Biblioteca de la planta superior del edificio del Ayuntamiento

Está lleno de detalles, esculturas, adornos, recovecos interesantes y en la planta superior localizamos una atractiva biblioteca. Un rato agradable y entretenido

Portada neoclásica de la Catedral

Respecto a la Catedral, lo mismo, acceso libre y puede recorrerse hasta la zona de lo que en nuestras iglesias sería el altar. Es de principios del XIX y sorprende que tras la fachada neoclásica se levante una torre, algo que arquitectónicamente no encaja y que originó una gran polémica. Para esta torre y por reducir costes se utilizaron los restos de la ya existente de un templo anterior. Como curiosidad, el guía de un free tour nos informó que delante de la Catedral está el punto más alto de Copenhague: ¡18 metros sobre el  nivel del mar!

Interior de la catedral vista desde el ábside

Es muy sencilla, casi monócroma, paredes pálidas y solo decoradas con estatuas de los apóstoles y una de Jesucristo que preside el altar.

Foso y bastiones del Kastellet, un recinto militar del siglo XVII

La turbulenta historia militar de Dinamarca hizo que Copenhague dispusiera de murallas y recintos militares, de los que el Kastellet es el mejor conservado. En la zona norte de la ciudad y lindante con el mar, tiene forma de estrella de cinco puntas con bastiones en las esquinas, y un enorme foso con agua lo rodea. Aunque sigue siendo instalación militar, el acceso es libre y en la práctica es un enorme parque público con la presencia vigilante de algunos soldados. Sorprendentemente, no permiten sentarse en la hierba, cosa que nos llamó la atención  y también a la gente a la que reprendieron delante de nosotros.

Barracones militares en el interior del Kastellet

Los planes iniciales de Cristian IV eran ambiciosos y pretendía levantar un gran castillo, pero no hubo fondos. Pese a ello, sigue en pie y tuvo su papel en guerras con Suecia e Inglaterra, pero los nazis lo conquistaron sin esfuerzo en la invasión de Dinamarca. En 1a década de los 90 fue renovado con fondos de A.P. Moller (el empresario que financió el Palacio de la Ópera) y en su interior mantiene una iglesia y la vieja cárcel, anexas, con la curiosidad de que en ambas había agujeros por los que los presos podían seguir los oficios religiosos.

Como toda prisión histórica, sus muros vieron muchas desgracias. A modo de ejemplo, un par de ellas. Allí penó 32 años un pirata inglés, John Norcross, dicen que la mitad del tiempo encerrado en una jaula. También en este lugar esperó su ejecución el conde alemán Johann Struensee, médico, que ascendió a ministro y casi regente del país. Supuestamente fue condenado por sus amoríos con la reina, pero en realidad para cortar las importantes reformas que intentó implantar. Hoy estas historias sorprenden en un lugar tan pacífico, en el que incluso te encuentras un molino, aunque llegó a contar con muchos más, en previsión de disponer de medios para alimentarse en caso de un asedio.

El barrio más marinero de Copenhague

Y para cerrar este capítulo, unas breves pinceladas sobre Cristianshavn, el barrio construido sobre varias islas artificiales, nuevamente por Cristian IV dentro de su política de ampliación de las fortificaciones. Separado del resto de la ciudad por el puerto interior, es una zona diversa y animada con personalidad propia.


Hay varios canales atestados de barcos, dando un ambiente náutico a esta importante área. Algunas embarcaciones visiblemente se utilizan como vivienda.

Iglesia de San Salvador y su famoso capitel

Construida entre 1682 y 1696 para dotar de un templo principal a Christanshavn, es conocida sobre todo por su peculiar capitel en espiral con una escalinata exterior para subir a la parte superior. Pero este capitel fue instalado cuando el templo llevaba algo más de medio siglo terminado. Al parecer tiene un interior espectacular, pero la realidad es que no entramos.

Como curiosidad, esta iglesia aparece en la obra de Julio Verne Viaje al centro de la tierra, cuando el personaje Alex es obligado por su tío a subir las escaleras de la espiral durante cinco días seguidos a modo de entrenamiento para superar su miedo a las alturas. Todo ello antes de descender al volcán donde el autor ubicó la puerta de la tierra.

Barcos y barquitas, el paisaje de Christianshavn

Preferimos dar un largo paseo por sus calles y canales tras una visita a la ciudad libre de Christiania, de la que ya hablaremos.